lunes, 24 de abril de 2017

THE MILKYWAY EXPRESS / MALINCHE (2017)


Renuncié con gusto durante la pasada edición del Azkena Rock a una reparadora siesta, ideal para reponer fuerzas tras un viernes marcado por la lluvia pertinaz que nos caló hasta el tuétano, y así tener la oportunidad de presenciar la actuación de los andaluces en Mendizabala durante las primeras horas del atardecer del sábado. Ya estaba al corriente de sus prestaciones en clubes, pero me picaba la curiosidad por comprobar cómo se desenvolvían en un escenario grande, ante una audiencia más numerosa y no contaminada. Y al escribir no contaminada me refiero a que para la inmensa mayoría del público este iba a ser el primer contacto serio con el quinteto sevillano.

La cerrada ovación final con la que fueron despedidos y las expresiones de satisfacción instaladas en las caras que me rodeaban premiaban un concierto rotundo, sin mácula, en que exhibieron todas las cualidades que había visto en pequeño formato pero multiplicadas por mil. Tienen hálito de banda clásica, un vocalista carismático, una presencia en escena templada y con personalidad, y un cancionero ante el que es imposible permanecer indiferente si tus gustos van en la misma dirección de su propuesta artística. Tras presentarse discográficamente con un álbum de homónimo título, lanzado comercialmente en el verano del 2009 y que ya mereció atención de prensa y aficionados, no han parado de crecer de manera exponencial. Su sucesor, One Day in Summer (2012) defendía el nivel sobradamente y con el siguiente, Perrorrosa, curiosamente también puesto a la venta en plena canícula del 2014, daban la impresión de que habían alcanzado cotas difíciles de superar.

Error. The Milkyway Express residen en un mundo de fantasía. Ese en que el rock era la música dominante y la más influyente y todo estaba por descubrir y experimentar. Donde las bandas viajaban en avión privado, las emisoras pinchaban a todas horas novedades suculentas y los tickets para los conciertos se vendían a carretadas. Donde la creatividad surgía debajo de cada adoquín de las calles de Londres, Birmingham, Nashville o Detroit. Aunque pueda parecer lo contrario dada la situación que vivimos en la actualidad ese panorama no es imaginario, existió realmente, y ellos lo saben con absoluto conocimiento de causa ya que sus raíces vienen de allí.

La música que aman y la que tanto han mamado durante su formación musical pertenece a ese reino que ahora parece tan lejano. ¿Qué estamos en pleno siglo veintiuno? Sí. ¿Y qué? ¿A quién le importa? Las influencias temporales y las posibles etiquetas que tanto gustamos de utilizar críticos y fans se tambalean cuando pones el nuevo álbum en el reproductor, le das al botón y te estallan en la cara, reventando los altavoces, dos pelotazos del calibre de «The Lover» y «Malinche». Rebosantes de solera y de ese espíritu reconocible al instante al que, sin embargo, propulsa una fuerza interior capaz de destrozar en mil pedazos cualquier signo de endurecimiento arterial. ¿Sesentas? ¿Setentas? ¿Ochentas? ¿Noventas? Qué más da, estamos ante un disco de rock’n’roll de pura cepa, escrito e interpretado por unos músicos que van como un cohete y tan válido en la actualidad como lo ha sido, pese a quien le pese, durante las casi siete décadas de existencia del género.

En las nueve canciones contenidas en Malinche los de la capital hispalense transitan con autoridad, amos y señores, por ese espacio donde conviven la dulzura ensoñadora de las melodías sureñas, «Olivia», la brisa de melancolía folk que sopla en el porche de «Casa Jeromo», el baño de psicodelia ácida que empapa los acordes de «Voodoo Doll», el blues pesado que se arrastra perezoso por la conciencia de «El Verdugo» o la juerga etílica que se monta en las riberas del río tras ingerir generosas cantidades de «Rye Whiskey». Se lo han tomado con esa entrañable calma característica de los habitantes del sur, recordemos que su predecesor está a punto de cumplir tres años en la calle, y no les ha podido salir mejor la jugada. Otro gran trabajo al que dar mucha vida. La suficiente para cruzar la vía láctea de principio a fin con sus composiciones como banda sonora de tan largo viaje.

Escrito para RUTA 66 / disco del mes de abril




1 comentario:

Enrique Sampedro dijo...

the milkyway express! los más grandes