
Estoy disfrutando de lo lindo de
Croweology. Claro que hubiera preferido que se despidieran, han anunciado un hiatus indefinido, con un disco de canciones nuevas y, aun mejor, una segunda parte del maravilloso e inagotable
Before The Frost...Until The Freeze. Pero esa revisión en clave semi acústica de muchas de sus grandes canciones me está acompañando estos días y lo hará durante unas cuantas semanas más sin ninguna duda. Una verdadera lástima que hagan un parón justo cuando han grabado un disco magnífico, cuyo valor aumentará con el tiempo, y han protagonizado una gira con conciertos realmente increibles. Hasta en eso son ejemplares. Si creen que tienen algo que ofrecer levantarán el vuelo de nuevo y si no permanecerán en el nido incubando otros proyectos. Son una de mis bandas favoritas y, como bien decía
Félix Ortega hace unos días, somos unos privilegiados por ser contemporáneos de una de las más grandes bandas de rock de todos los tiempos. Creo que es el momento oportuno para recuperar un texto que escribí hace un par de años y fue publicado originalmente en la revista RUTA 66 como introducción a un extenso artículo sobre ellos a cargo de Sergio Martos. Espero que les guste....
"Los primeros 90 fueron muy agitados musicalmente, se apagaban bandas encumbradas y estilos masivos para dar paso a la explosión alternativa, al movimiento Grunge y asistíamos al nacimiento de aquella extraña mezcolanza de estilos que se dio en llamar Crossover. Entre 1989 y 1992 se editaron trabajos de un éxito impensable unos años antes como pueden ser Badmotorfinger de Soundgarden, Nevermind de Nirvana, Facelift y Dirt de Alice In Chains, Ten de Pearl Jam, The Real Thing y Angel Dust de Faith No More o Mother’s Milk y Blood Sugar Sex Magic de Red Hot Chilli Peppers. Evidentemente, esta arrolladora corriente arrastró en poco tiempo tras de sí a toda la escena de bandas de L.A. (Motley Crüe, Poison, Guns’n’Roses), a lo que quedaba del Nuevo Rock Americano, a los grupos de Metal más populares y mandó a las catacumbas al Rock & Roll convirtiéndolo, contradictoriamente, en la verdadera música alternativa en aquellos momentos. Para aquellos que, por esas fechas, ya habíamos dejado atrás la adolescencia y proveníamos de una formación musical iniciada en el Metal o el Punk y que continuaba por la senda del descubrimiento de las bandas clásicas no se presentaba un panorama muy alentador, aquella angustia existencial que se apoderó de todo, aquellas escenas de tortura emocional, de retratos de infancias difíciles, de búsqueda de la propia identidad en que se basaban muchas letras de las bandas citadas anteriormente no acababa de resultar lo suficientemente atractivas como para que nos subiéramos al carro de buenas a primeras. Sin menospreciar en absoluto los valores musicales contenidos en sus canciones y la vasta influencia que estaban teniendo en millones de adolescentes ávidos de encontrar sus iconos generacionales y que tomaban como propias las experiencias narradas por aquellos chicos de mirada triste, camisas de leñador, pantalones cortos. botas militares y drogas duras que, recogiendo el legado de mitos como Neil Young o Black Sabbath, vomitaban su desazón, su inadaptación e incluso el miedo a su propio éxito. Esta situación es indudable que dejaba huérfanos a una gran parte de aficionados que, como comentábamos antes, debía buscar refugio en los viejos discos o en los que contra viento y marea seguían en la lucha y ahí, beneficiándose de ese caldo de cultivo, es donde los Cuervos hallaron su espacio. Dos hermanos jóvenes e insolentes recreando sin ningún pudor los sonidos más tradicionales y perpetuando los comportamientos más típicos del estrellato, buceando en las décadas mágicas de los sesenta y setenta para recuperar y poner de actualidad la vasta herencia musical dejada por los Stones, los Faces, Allman Brothers, Humble Pie, Lynyrd Skynyrd, Sly & The Family Stone, Led Zeppelin y reivindicar el Soul, el Blues y el Gospel sin sonar inmovilistas, arcaicos ni rancios en ningún momento. Frente al desaliño anteponían la desastrada elegancia callejera clásica del rock, americanas de ante y terciopelo, pañuelos, camisas hindúes, chalecos de jugador, gafas de sol, sombreros, casacas sureñas, camisas de vaquero y botas de cowboy, y ante la introspección, la seriedad y la escasez de palabra el deslenguado carácter de un cantante que no tenía ningún problema en soltar perlas ante cada micrófono que se le pusiera por delante. Podemos citar por ejemplo la respuesta a un periodista después de comentarle que Kiz Richards, nada más ni nada menos, les había nombrado como una de las bandas nuevas más interesantes y el angelito no tuviera nada más que decir que “¿Richards ha dicho eso?. Debería meterse en sus asuntos y dedicarse a hacer mejores discos porque nosotros vendemos más que él” o “Nirvana eran unos copiones con suerte e inteligencia que lograron llegar a lo más alto sin mover apenas un dedo” y “América es un lugar donde puedes asesinar o abusar de niños, pero mientras tengas un millón de dólares no tendrás ningún problema. Pregunta a Michael Jackson o a O.J. Simpson”. Por no hablar de sus polémicas como teloneros de los venerables ZZ Top lanzando improperios durante cada concierto contra la marca comercial que patrocinaba la gira hasta ser expulsados finalmente de la misma y otros cientos de sucesos inevitables en un tipo con tanta facilidad de palabra y al que los años no han cambiado en absoluto, repasad la entrevista publicada en estas mismas páginas por Ignacio Juliá (Ruta 173, 2001) con motivo de la presentación de Lions, o el motivo dado sobre su reciente separación de la actriz Kate Hudson alegando que “la relación no era profunda, estaba basada únicamente en el sexo”. Y en contraposición a la sordidez de la heroína dominante en esos primeros noventa ellos apuestan fervientemente, liderando campañas en pro de su legalización, por la alegría de la marihuana y la reivindicación del carácter lúdico del alcohol además de protagonizar múltiples incidentes durante las giras, en aeropuertos, aviones, televisiones, radios y otros lugares que han culminado en un historial que acumula unas quince detenciones entre sus miembros o leyendas como la de la fiesta post concierto con presencia de las cámaras de la MTV que se convirtió en una bacanal en el mejor estilo setentero y que permanece inédita en los archivos de la cadena. Pero esto no bastaría si no tuvieran detrás trabajos tan sólidos como ese explosivo debut que fue Shake Your Money Maker, el enorme e inspirado Southern Harmony and Musical Companion, presentes ambos en la mayoría de las listas de lo mejor de los noventa, un disco tan completo musicalmente como Amorica, el cambio hacia terrenos más Jam con Three Snakes And One Charm o ese magnifico e infravalorado Lions. Tras todo lo expuesto no es de extrañar que el respetable respondiera comprando millones de copias y llenando sus conciertos por los cuatro continentes, jamás se borrará de mi memoria su primera actuación en una abarrotadísima sala Zeleste de Barcelona durante su High As The Moon Tour, para convertirlos en uno de los combos más grandes de aquellos años. Los posteriores acontecimientos son otra historia y, como en las bandas legendarias de las que recogieron el testigo, se reparten aciertos y errores que os contará Sergio Martos. Pero nunca debemos olvidar que en unos tiempos de cambio, de búsqueda de nuevos sonidos, de evolución y de originalidad ellos fueron uno de los más seguros puertos de refugio, un rayo de luz rompiendo el tono monocromático reinante y los principales defensores de los valores más clásicos del Rock & Roll. Otro día podremos discutir si esos valores son válidos o no pero en aquellos días The Black Crowes nos devolvieron a muchos el orgullo de creer en ellos."